Hay una habitación en cada hogar que lo dice todo sobre quien vive en él. No es el salón, que recibe. No es la cocina, que reúne. Es el dormitorio: el único espacio que no tiene que demostrar nada, que existe solo para ti.
Diseñar un dormitorio de lujo es, de todos los encargos, el más íntimo. Requiere escucha, delicadeza y una comprensión profunda de cómo descansa, cómo se desconecta y cómo quiere empezar el día quien va a habitarlo. Cada material, cada proporción, cada punto de luz es una decisión que afecta directamente a tu bienestar.
Porque un dormitorio bien diseñado no se admira. Se agradece.