
Diseñar un hogar de lujo no es una cuestión de presupuesto. Es una cuestión de escucha. Antes de elegir un material o proponer una distribución, dedico tiempo a entender cómo vives, qué te emociona, qué quieres sentir cada vez que cruzas la puerta de tu casa.
Mi formación jurídica me enseñó que detrás de cada decisión hay una persona con una historia particular. Eso no lo he abandonado. Lo he trasladado a cada proyecto. El resultado no es un espacio de revista, sino un espacio tuyo: con criterio, con personalidad y con esa rara capacidad de hacerte sentir exactamente donde quieres estar.
Un hogar de lujo se mide por la sensación de que todo encaja, de que nada sobra y nada falta. De que ese espacio no podría pertenecer a nadie más que a ti.
