Diseñé el set al completo: colchones Bedland convertidos en islas de descanso, cojines en tonos tierra y crudo, velas dispuestas con ritmo y calidez, pampa, palmeras y ratán creando una atmósfera orgánica y sensorial. Un interior efímero pensado para ser vivido, sentido y, por supuesto, fotografiado. Porque cuando el espacio emociona, el contenido se hace solo.
Este proyecto demuestra que la dirección de arte no entiende de formatos. Un colchón puede convertirse en el centro de una experiencia sensorial memorable si el espacio que lo rodea está pensado con el mismo cuidado que cualquier interiorismo residencial de lujo. El resultado habló por sí solo: contenido orgánico generado por los asistentes que amplificó el alcance de la marca sin necesidad de guión.